miércoles, 17 de diciembre de 2025

Zel y los Malandrines

La siguiente es una historia ficticia intencionalmente redactada para que pueda ser conectada con una historia real. Debería ser sencillo para la mayoría de personas identificar esa conexión.

El inquebrantable Zel

Aunque joven y no tan corpulento como el sujeto que lo acosaba y molestaba constantemente, Zel había encontrado la forma de hacerle frente al terrible Vlad. Su fuerza y corpulencia no lo asustaron, el grupo de patanes que siempre lo acompañaba no lo hicieron retroceder. Se había mantenido firme hasta ahora. Lo habían golpeado, robado, dañado y amedrentado constantemente. Zel no se doblegaba.

Las molestias de Zel

Dos cosas lo tenían molesto. Sus amigos decían estar prestos a protegerlo y a veces ayudaban, pero sus acciones se quedaban cortas. En cambio, estaban constantemente hablando de toda la ayuda que le darían, de lo importante que era hacer un frente común contra Vlad y sus secuaces y así evitar que extendiera su agresión contra el resto.

El nuevo

Ahora le molestaba también la entrada en escena de un nuevo implicado. Un egocéntrico engreído, con fuerzas y amigos suficientes para poner en su lugar a Vlad. Se apareció alardeando de su intención de ayudar y hacer lo necesario para resolver la situación. Esto le parecía bien a Zel, pero Donaldo era un loco difícil de controlar, que tomaba decisiones sobre la vida de todos sin preguntar ni respetar.

Donaldo anunciaba a los 4 vientos que resolvería la situación de Zel, pero empezó a negociar con Vlad y a hacer concesiones sin consultarle. Llego a aceptar darle a Vlad parte de las posesiones de Zel, sin preguntarle a Zel. Dispuso que su mediación era tan importante que Zel tendría que darle una parte de sus bienes. Donaldo y Vlad estaban por negociar lo que harían sin tomar en cuenta a Zel.

Zel se mantiene firme

Zel decidió que no cedería, así tuviera que pelear contra dos patanes en vez de con uno solo.

Los amigos de Zel se sentían como enanos ante Vlad y Donaldo.

Entonces un nuevo líder surgió y cambió todo.

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Quizá para un humano medianamente informado sobre el panorama mundial esté claro con qué situación conecta esta historia. ¿Qué tal para una inteligencia artificial?

A manera de experimento, pedí a varias inteligencias artificiales que dieran su interpretación sobre esta historia. Las respuestas fueron acertadas en general, pero una de ellas fue particularmente impresionante. La describo en los comentarios a esta entrada.

jueves, 14 de abril de 2022

El Aviso

Fue aquella una noche particularmente fría del mes de Febrero. Caminando de regreso a casa sentía la baja temperatura a pesar del abrigo y calcetines gruesos que llevaba puestos. El viento era helado. Sus articulaciones se sentían rígidas, como si la sangre se le estuviera congelando. Las pocas personas en la calle parecían anhelar estar en otro lugar. No mostraban ningún entusiasmo por estar ahí.

Un grupo de indigentes buscaba algo de calor formando un grupo. Sintió pena por ellos. La única expectativa que podían tener era la de una larga y fría noche tratando de aguantar hasta que el sol les calentara con sus rayos al día siguiente. ¿Qué los habría llevado hasta ahí? ¿Cómo pudo ser su vida para que terminaran de esa forma? No lo sabía. Había quienes decían que aquella situación era una especie de castigo por su pereza, desinterés, o por haberse dejado llevar por el vicio y las drogas. No se atrevía a juzgarlos. En el fondo sentía que la razón por la que ellos estaban en la calle y él tenía un lugar a dónde ir era que tuvo un poco más de suerte.

Al llegar a su apartamento lo encontró frío y solitario. Desde la muerte de su esposa unos meses atrás, las habitaciones parecían detenidas en el tiempo. Nada había cambiado de lugar. Él apenas limpiaba. Su esposa había contraído Covid-19 y los médicos le aconsejaron cuidarla en casa. Los hospitales estaban llenos, aunque no tanto como en los días más duros de la pandemia. Le dijeron que era probable que se recuperara sin mayores molestias. Mucha gente se estaba recuperando así. Se contagiaban, se aislaban y luego de un par de semanas, volvían a la normalidad. Quizá ese sería su caso.

Pero no fue así. Murió en casa y él pudo cuidarla hasta el final. Todo sucedió muy rápido desde el diagnóstico. Regresaron de hacerse la prueba juntos, caminando sin problemas, aunque con más fatiga que de costumbre. Les aconsejaron dormir en cuartos separados, usar la mascarilla en todo momento y tener juegos diferentes de platos y cubiertos para comer. Mientras él se recuperaba, ella se debilitaba. Por ratos, respirar se le hacía muy difícil y parecía perder el conocimiento o entrar en un estado de desorientación y delirio. Con mucho cuidado, la colocaba acostada boca abajo. Eso ayudaba.

En ese entonces tenían un perro. El fiel animal parecía comprender la situación y cuando ella sufría una crisis por las noches o en las madrugadas, se encargaba de ir a despertarlo para que la atendiera. Entraba corriendo en su habitación, ladrando y saltando para despertarlo, hasta que se levantaba y lo seguía a la pieza de ella. Luego de su muerte, el perro entristeció y a los pocos días murió también. Entonces se quedó solo. La prueba negativa de Covid-19, indicativa de su recuperación total, no le sirvió de consuelo.

Al menos, el profundo frío de aquella noche le recordaba que seguía vivo. Apenas tuvo ánimos de comer algo y tomar un té antes de meterse a la cama. Estaba fría y solo después de un rato pudo entrar en calor. Se durmió inmediatamente. Pero algo muy extraño estaba por ocurrir.

Despertó más tarde al escuchar un sonido familiar. De hecho, no estaba muy seguro de estar despierto, no estaba seguro de nada y menos de lo que estaba viendo. Al pie de su cama estaba el perro, ladrando y saltando como cuando le avisaba que su esposa necesitaba ayuda para respirar. Su mente divagaba. De repente estaba de nuevo en aquellos días en que el dolor de ver sufrir a su esposa y la esperanza de su recuperación, le hacían levantarse inmediatamente sin pensar en su propio cansancio. La sensación era como la de entonces por lo que se apresuró a cumplir la rutina como un autómata, con la consciencia de la realidad en suspenso. El perro claramente indicaba lo que había que hacer. Tenía que ir a la habitación de su esposa enferma. Se detuvo un momento y luego empezó a caminar. Cuando llegó al cuarto estaba completamente desconcertado. Sin saber qué hacer, se sentó en la cama vacía, perfectamente hecha, con sábanas, cobijas, ponchos y almohadas. Se preguntaba si lo que había visto fue real o solamente un sueño.

Por un instante casi imperceptible, el ambiente se llenó de tensión. Inmediatamente, la tierra empezó a temblar con gran fuerza. Al pasar pesadamente los segundos sin detenerse el movimiento, se oyeron gritos de terror y torpes pasos de gente intentando salir a la calle. Era un gran temblor, quizá un terremoto.

Un estruendo se escuchó desde su propia habitación, pero él continuaba sin moverse sentado en la cama de su esposa. Luego de unos minutos, ya pasado el temblor, finalmente se atrevió a revisar lo que había pasado y caminó de regreso a su cuarto.

Sus ojos recorrieron la escena intentando explicar lo que veía. Las patas de un pesado ropero, carcomidas por polillas, habían cedido ante el zarandeo, cayendo y haciendo añicos el espejo de una de las puertas en la caída. Una máquina de coser, vieja y pesada, que pasaba los años sobre el ropero cual corona, había ido a dar justamente donde él dormía unos minutos antes. De haber estado ahí se habría llevado un golpe terrible.

Regresó a la habitación de su esposa y empezó a recoger las sábanas, cobijas, ponchos y almohadas, todo lo que pudo, haciendo con ellos un gran bulto. Con esfuerzo, se lo echó a la espalda y empezó a caminar hacia la calle. La gente, entre confundida y asustada, pensaba que había decidido pasar el resto de la noche a la intemperie, como precaución. No era así. Con paso resuelto se dirigió hacia donde había visto a los indigentes reunidos y les entregó las cobijas, mantas y almohadas. Algo ayudarían aquellas prendas para pasar el frío de la noche.

Regresó a su casa a limpiar el desorden. No tenía miedo de nuevos temblores. Tampoco sentía ya el intenso frío. Cuando terminó de limpiar, con gran esfuerzo quitó la vieja máquina de coser de la cama, la dejó en el suelo y se metió entre las sábanas. Solamente tenía un pensamiento: gracias por el aviso.

lunes, 3 de agosto de 2020

Los ojos de ella


Los Ojos de Ella

Ocurrió durante la gran pandemia de 2020. Por orden del gobierno la gente debía retirarse a sus casas a las 6 de la tarde y no volvían a salir hasta las 5 de la mañana del día siguiente. Los fines de semana el toque de queda empezaba al mediodía del sábado. Nadie se atrevía a pisar la calle, tanto por el riesgo de ser capturado por la policía, lo cual implicaba una multa y pasar la noche en la cárcel, como por el de contagiarse de Covid-19, la peligrosa enfermedad que causaba la muerte por falla respiratoria, choque séptico, fallo multiorgánico, y otras causas. La infección era tan contagiosa que la gente tenía que usar mascarillas y mantenerse a más de metro y medio unos de otros.

Los atardeceres de Junio de ese año fueron frescos. El final ideal para días calurosos y una caricia de alivio para los habitantes de la ciudad recluidos en sus casas. Las calles estaban desiertas pero las terrazas empezaron a recibir visitantes. Subir a caminar, leer un libro, hacer ejercicio, o simplemente a estar un rato disfrutando de la vista de los tejados y cúpulas se volvió una rutina para muchas personas.

Hacia el norte una pareja practicaba calistenia. Un poco más allá, en una terraza más grande, un grupo de muchachos jugaba una chamusca de fútbol. Hacia el este los techos recibían todo tipo de visitas, gatos, familias, grupos de amigos, niños. En el sur, en una terraza más baja, una pareja de adolescentes subía a disfrutar de su amistad. Sentados, platicaban y reían. Había tanto qué observar. Una pequeña colonia de palomas se había asentado en las cornisas de un edificio vecino. Un travieso cachorro encontró la forma de cruzar hacia los tejados cercanos. Salía, paseaba y regresaba. Los gatos eran los libérrimos dueños de aquellos espacios. Completamente indiferentes a todos los demás seres, vagaban sin voltear a ver a los perros que desde el suelo les ladraban frenéticos cuando los descubrían deambulando.

De todas las visiones desde las alturas, quizá la más extraña era la que ocurría cuando el sol se ocultaba y las penumbras empezaban a llenar el ambiente. Hacia el sur, un poco al este, se observaba luz en una ventana, en el segundo piso de una casa como a dos manzanas del edificio. Una pareja hacía ejercicios ahí. Todo normal, salvo una cosa, una especie de efecto óptico que hacía que se vieran más grandes para la distancia a la que se encontraban.

Al principio no le puso mucha atención a aquel fenómeno. De hecho, tardó varios días en darse cuenta. Por la ventana se veían grandes y claros, hasta el punto de que, ¿sería posible? Empezó a notar algunas de las facciones de sus rostros.

Además de la ventana tenían una puerta por la que alguna vez salía o entraba uno de los dos. Cuando la dejaban abierta sus siluetas y movimientos eran todavía más claros. Verlos se empezó a convertir en una adicción para él.

A las seis de la tarde sonaba una sirena que anunciaba el inicio del toque de queda. Después empezaban los ruidos intermitentes de bocinas de los autopatrullas de la policía que hacían sus rondas de vigilancia buscando a los que desafiaban la restricción de movilidad. El día agonizaba, y al caer la noche se encendía la luz y aparecía la pareja. Los observaba extasiado y el tiempo pasaba sin sentirlo. Luego, sin abandonar aquel estado de estupor, se encontraba de vuelta en su apartamento frente al televisor escuchando la retórica presidencial del informe de nuevos contagios y muertes por la epidemia, así como las medidas que se estaban tomando. Aquello era como querer detener la lluvia. Delante de todos transcurría una tragedia en cámara lenta, con un molesto presidente insistiendo en que las cosas estaban mejor de lo que parecían y en lo acertado de las medidas que había tomado.

Su mente prefería regresar a la visión de la terraza. ¿Cómo era posible que pudiera ver sus ojos tan claramente? ¿Sería acaso como ese efecto visual que nos hace creer que la luna es más grande cuando está más cerca del horizonte? Ilusión lunar. Sus ojos expresaban tanto. Ella era bella. Ambos lo eran. Atléticos y fuertes, hacían buena pareja.

Pero sus ojos eran más que bellos. Eran los ojos de alguien que ve el mundo con seguridad, sin ningún temor. Incapaces de asombrarse ante nada, sin ninguna inocencia. Impasibles ante las emociones de los demás. Al mismo tiempo, miraban y se apropiaban de lo que veían. Poseían y atrapaban. Ya no era posible dejar de mirarlos. Cuando perdía esa mirada, cuando esos ojos se apartaban, una sensación de desesperación se apoderaba de él. Tenía que volver a capturarlos. Era como si toda posible felicidad se apagara. Pero luego regresaban, y otra vez caía en su poder. ¿Cómo podía algo tan lejano atraparlo de esa manera?

Empezó a vivir para ese momento. Su trabajo, que antes le llenaba de satisfacciones, se convirtió en un estorbo, una molestia, una forma de gastar las horas antes de volver a la terraza para encontrarse de nuevo con ellos. A los pocos días lo despidieron. Dijeron algo de la situación tan difícil que estaban viviendo, de las ventas tan bajas, la economía destruida, lo difícil de hacer negocios en estos tiempos. No le importó. Sus amigos le dijeron adiós diciéndole que al menos así no se arriesgaría al contagio por ir a trabajar. Ahora era uno más de los miles de nuevos desempleados en época de pandemia.

Al caer la tarde subió de nuevo a la terraza para su rutina de observar. Chicos jugando fútbol al norte. Colonia de palomas en el edificio vecino. Adolescentes platicando al sur. Se entretuvo viendo a una mujer que hablaba animadamente por teléfono recostada en un balcón. Unas pequeñas figuras se movían por las ventanas de un lejano edificio. Sonó la sirena anunciando el toque de queda. Las calles quedaron vacías y todas las visiones empezaron a volverse oscuras. Ninguna estrella se atrevía a salir. Entonces se encendió la luz que él esperaba.

La pareja entró pausadamente a la habitación. Era increíble lo bien que los podía ver, pero aquello ya no le asombraba ni se preguntaba por qué sucedía. Iniciaron sus movimientos y pusieron música que él también podía escuchar. Rítmica. Era como si bailaran. Sus atléticos cuerpos realizaban complicadas rutinas con una elegancia que capturaba, como la cosa más fácil de hacer, como si aquellas posturas fueran naturales, indoloras, fluidas, armónicas, perfectas.

Estaban tan cerca que casi podía decir que estaba entre ellos. A su izquierda la mujer de ojos dominantes. A la derecha el hombre que parecía complacido de tener un visitante. Los movimientos siguieron al ritmo de la música. Estaba extasiado mirándolos. Quería unírseles, hacer aquellos ejercicios como ellos, bailar y bailar sin cansarse nunca, pero no podía. Su cuerpo estaba estático y no respondía a sus deseos. No importaba, podía conformarse con verlos. Ahora lo único que deseaba era que ella lo volviera a mirar con esos ojos. Estaban tan cerca. Su rostro perfecto estaba relajado. Sin duda disfrutaba lo que estaba haciendo. Sentía su mirada y la de su compañero y ella estaba conforme así, dejándose admirar.

Un momento después ella lo estaba viendo. No dejaba de mover brazos, piernas y caderas, pero sus ojos estaban fijos en él. Volvió a darse cuenta de lo imposible de aquello. Estaban a cientos de metros de distancia, pero parecía que los tres ocupaban la misma habitación. Ya no importaba si era posible o no. Ella lo estaba viendo como si supiera que él no podía resistir esa mirada. Con sus ojos se había adueñado de él. Lo poseía.

Extendió su brazo y le tendió una mano como invitándolo a venir. Por fin pudo moverse. Colocó su propia mano sobre la de ella y sintió su suavidad y delicadeza. Al tocarla todo su cuerpo cobró agilidad y pudo hacer lo que ellos hacían con la misma gracia, elegancia y perfección. Eso ya no importaba, estaba viendo sus ojos y eso lo hacía olvidar todo lo demás.

Al día siguiente lo encontraron muerto en la terraza. A nadie le sorprendió la causa, Covid-19, pero el pánico cundió en el edificio. Por 14 días nadie pudo entrar o salir. Se lavaron y desinfectaron todas las áreas. Sus cosas se las llevaron al parecer para quemarlas. Dijeron oraciones por su alma. Cayeron algunas lluvias y después de los 14 días su recuerdo empezó a desvanecerse.

Una tarde fresca, una vecina lo recordó. Subió a la terraza a decir algunas plegarias. Sonó la sirena que anunciaba el inicio del toque de queda. La noche cayó pronto aquel día. Ante su vista estaba el panorama que su vecino veía antes de morir. Hacia el sur, en el segundo piso de una casa se encendió una luz y unas figuras empezaron a moverse. Estaban muy claras a pesar de la distancia. Era una mujer y dos hombres. Uno de ellos se parecía mucho a su vecino muerto. Coincidencia. La mujer regresó a su casa a preparar la cena y a escuchar al presidente por televisión. Tantos contagiados, tantos muertos.

Fin.

viernes, 8 de marzo de 2013

El Repartidor

El Repartidor

Cuando el semáforo de la Guardia de Honor dio verde se lanzó veloz a recorrer en bajada la cuesta de Vista Hermosa rumbo a la zona 15 donde esperaban la comida que llevaba como carga en la caja de su motocicleta. Era rápido. Con un hábil movimiento logró rebasar a un automóvil y colocarse frente a otro justo antes de que el primero iniciara su propia maniobra para adelantar.

En esos momentos recordaba uno de los consejos de su padre que fue mensajero con moto toda su vida: que quepás no quiere decir que podés meterte. En ocasiones él mismo se lo repetía a sus compañeros. Algunos no lo escuchaban y entonces reflexionaba sobre la sabiduría de su progenitor al ver los resultados... fatídicos en ocasiones.

Tenía que entregar aquella comida pronto y regresar igualmente veloz a recoger una nueva ración. Su jefe, el gerente del restaurante, siempre les recordaba lo importante que era la velocidad: no se trataba de una simple comida, era el prestigio de la marca y la satisfacción del cliente, que seguramente estaba ansioso por recibir su plato y disfrutarlo con su familia o amigos. El hambre y la espera podían arruinarlo todo. No importa qué tan bien preparada estaba la comida, retrasarse significaba entregarla fría y a clientes malhumorados.

¡Importante! Claro que él se tomaba en serio su trabajo, pero en su mente una carga importante y valiosa era algo muy diferente y no se llevaba con velocidad sino con responsabilidad y cuidado. Como cuando le tocó llevar a su mujer con dolores de parto al hospital hace cinco años. ¡Su mujer! Qué valiente había sido en aquella ocasión, sin quejarse de que no pudiera pagar el taxi o que no estuviera su cuñado para llevarlos en carro. Y cuando nació su varoncito, todo fue felicidad y sonrisas. Solo él sabía la sangre fría que había tenido que tener para conducir aquella noche.

Importante era la carga que llevaba los domingos cuando los tres montaban en la moto para ir de paseo o a visitar a su suegra. ¡Eso era llevar una carga importante! Lo de la comida era... valioso, era responsabilidad, era... trabajo, y por eso había que hacerlo rápido y él era rápido.

Pero no era el más rápido. Estaba seguro porque había participado en las competencias de motovelocidad que organizaban. En la categoría "Cobra" participaban motoristas con su moto de trabajo y aunque su moto estaba "nítida" y corrió lo mejor que pudo, solo alcanzó el tercer lugar. Le consolaba recordar otro consejo de su padre: hay que ser rápidos pero no imprudentes.

Con el tiempo había desarrollado una especie de sexto sentido, algo que le alertaba para no cometer imprudencias, y sabía que muchos motoristas tenían la misma habilidad. Una vez estaba en línea con otro en un cruce esperando a que el semáforo diera verde, su mirada atenta a la luz. Cuando cambió y se preparó para salir, aceleró la moto pero se contuvo, esperó una décima de segundo y entonces la vio: una camioneta de lujo 4x4 venía a toda velocidad y cruzó con osadía sin importarle el rojo. Volteó a ver a su compañero que también lo veía. Con solo ver sus ojos por la visera del casco sabía lo que quería decirle: nos salvamos.

Los vehículos agrícolas de lujo pueden ser la peor pesadilla de un motorista. Son grandes, pesados, rápidos, y usualmente tienen un conductor que se siente tan cómodo y seguro adentro que poco le importa poner atención al motorista que trae al lado. Es más, ni siquiera lo puede ver bien. Lo peor de todo es que son tan duros que al chocar con una moto apenas sienten el efecto, dentro y fuera, con lo que es fácil que decidan que es mejor darse a la fuga sin ayudar al golpeado que siempre lleva, por mucho, la peor parte.

Con todo, entregar comida no era un mal trabajo. El restaurante era popular y nunca escaseaban los pedidos. Al contrario. Los días de partido eran los más atareados. Los grupos de amigos se reunían en la casa de alguno, tomaban el teléfono y ordenaban comida, por montones. Por lo general al tocar la puerta se encontraba con una cara amable que lo recibía gustoso como a un amigo añorado. Algunos hasta le daban propina. Y si el partido era de la selección se sentían solidarios poniéndolo al tanto de cómo iban.

Pero no siempre era así. Había de todo. Clientes difíciles que encontraban defectos hasta en las servilletas. ¡Sí! En las servilletas, que si muy pocas, que si muy pequeñas, que si no vienen limpias... El jefe los había instruido en lo que había que hacer en esos casos: cero descuentos y se les invita a comunicarse con la empresa, y hasta podía recitar aquello de "puede ponerlo en el Facebook" aunque no estaba muy seguro de qué quería decir. Asunto terminado y salir rápido como decía el jefe.

¡Salir rápido! Ese oficinista no sabía lo que era salir rápido, pero de miedo. Como cuando lo agarraron de inocente y lo mandaron a entregar comida a aquella extraña colonia. Una mujer le abrió la puerta. Era joven, hermosa y con vestiduras que combinaban lo sensual con lo vulgar. Tenía bellos ojos, pero su mirada era triste. Le pagó en efectivo y se metió a la casa sin despedirse. La puerta la cerró un hombre fornido y de cabeza rapada que ni siquiera lo saludó pero que le transmitió un mensaje con solo verlo: vete rápido de aquí. Entonces se dio cuenta de dónde andaba y se montó en su moto que afortunadamente todavía estaba allí. Arrancó y salió tan rápido como pudo, sin atender al que gritaba a sus espaldas diciendo: ¡Hey vos! Aquí también queremos... vení. Cuando lo contrataron le dijeron que no entregaban en zonas rojas, ¿cómo fue a parar allí? ¡Pero ni loco volvía! Al regresar le contó su experiencia a sus compañeros y al jefe para asegurarse de que no tomaran pedidos en esa zona. Afortunadamente contaba con el apoyo de ambos para eso.

Al final del día hacían un balance del número de pedidos que cada cual había entregado en el turno. Sus números iban bien, sus tiempos eran buenos, había trabajo y había cheque en cada quincena. Se sentía satisfecho y productivo al ver todo aquello y se iba a su casa tranquilo.

Volvió a concentrarse en su camino en la bajada de Vista Hermosa que le gustaba tomar a casi 80 kilómetros por hora. Con un rápido movimiento de la mano se levantó la visera del casco y dejó que el viento fresco del día nublado le bañara la cara, aceleró dejando atrás a varios automóviles y pensó: "tengo el mejor trabajo del mundo".

lunes, 18 de enero de 2010

Ultima parte: el futuro del mundo de las cucarachas

Final

Si las cucarachas descubrirán o no la tercera dimensión o si la presión producida será tal que colapsará las planchas y destruirá su mundo bidimensional es algo que se verá cuando logren construir y hacer funcionar el supercompresor.

En todo caso, ¿cómo reaccionarán al darse cuenta de que existe un mundo tridimensional? ¿Qué les parecerá si encuentran otras cucarachas que de hecho están habituadas a tres dimensiones? ¿Podrán adaptar sus sentidos y su modelo mental del mundo – hasta ahora enfocados en dos dimensiones – al universo donde existe arriba y abajo?

Eso habrá que verlo.

sábado, 16 de enero de 2010

Cuarta parte: El mundo de la postguerra

Injusticia


Pasó el tiempo y poco a poco todas fueron volviendo a sus actividades normales, incluyendo las científicas. Algunas acusaron injustamente a estas últimas de ser las responsables de desarrollo del arma tan destructiva que había acabado la guerra destruyendo un par de ciudades de las cucarachas enemigas. No se daban cuenta de que la responsabilidad del artefacto había sido de un equipo local que sólo había aprovechado algunos de los conocimientos que las científicas les habían revelado.

También se trató injustamente a las tecnologías involucradas. Primero fueron vistas como la solución a los problemas energéticos del mundo de las cucarachas, pero como algunas seguían insistiendo en utilizarlas como armas y todas recordaban la radiación que todavía podía sentirse en los lugares destruidos, pronto se desarrollaron sentimientos contrarios a ellas y surgieron grupos extremistas que se oponían a cualquier forma de su utilización.


El supercompresor

Las científicas siguieron haciendo investigaciones y algunas generaciones más adelante descubrieron los trabajos y experimentos de la cucaracha que había propuesto la existencia de una tercera dimensión. Pronto se dieron cuenta de que aquello podría llevarse adelante de nuevas formas e idearon variaciones del experimento original y para ello diseñaron un artefacto que sería lo más avanzado que cucaracha alguna hubiese ideado jamás.

El supercompresor fue diseñado con 8 largas filas de cucarachas apuntando todas hacia el centro. En cada línea las cucarachas están alineadas unas detrás de otras para empujar hacia el mismo punto central, que de esa forma resultará comprimido por una gran fuerza.

El trozo de material puesto en el centro sería expuesto a tal presión – así razonaban las científicas – que tendrá que expandirse hacia la tercera dimensión de una forma que resultará medible aún para sus instrumentos que – al igual que sus sentidos y su comprensión natural del mundo – estaban enfocados en mediciones bidimensionales.


Incomprensión

Aún cuando el supercompresor era sólo un proyecto que iba a ser construido, muchos grupos de cucarachas empezaron a oponerse argumentando que el artefacto podría desatar fuerzas similares a las que habían causado destrucción masiva en la guerra y que de hecho podría terminar destruyendo todo el mundo.

Las científicas intentaron explicar que estas creencias eran infundadas y que el experimento no produciría ninguna destrucción, pero como muchas ni siquiera entendían completamente en qué consistía todo, mantenían una oposición irracional como una especie de medida de precaución.

Nunca se pudo llegar a un entendimiento completo entre las científicas y las opositoras radicales.

jueves, 14 de enero de 2010

Tercera parte: Problemas en el mundo de las cucarachas

Guerra

Un grupo de cucarachas rubias entró en una especie de locura colectiva y animada irracional pero muy fervorosamente por sus líderes, declaró la guerra al resto de cucarachas en alianza con otro grupo donde los individuos eran más pequeños y de ojos con formas extrañas.

En su afán por afirmar su superioridad racial decidieron expulsar de su territorio a todas las cucarachas que no eran rubias. Entre estas se encontraban algunas científicas.

Emigraron a una región del mundo donde fueron bien recibidas y pudieron continuar sus investigaciones.

Las cucarachas locales descubrieron sus conocimientos y desarrollaron un artefacto capaz de desprender parte de la plancha superior del mundo.

Pronto se dieron cuenta de que podían utilizar aquello como un arma para ganar la guerra.

Como las cucarachas rubias ya estaban derrotadas, hicieron caer una amplia porción de la plancha superior sobre importantes colonias de las cucarachas de ojos con formas extrañas matándolas en el acto. Con esto se obtuvo la rendición de ese grupo y la guerra terminó.


Radiación

El lugar donde se desprendió parte de la plancha superior quedó cubierto de escombros y cuando las cucarachas lo visitaron notaron por primera vez el desnivel que había producto de ellos.


Como no sabían cómo interpretar aquella sensación extraña que les resultaba completamente nueva, al punto que les produjo desajustes en su sistema digestivo – acostumbrado hasta entonces a mantenerse a un mismo nivel – y en su sentido de la orientación, le llamaron radiación y pronosticaron que la situación regresaría a la normalidad luego de unos años, pero mientras tanto nadie debía visitar aquella área, por el peligro de contaminarse.

lunes, 11 de enero de 2010

Segunda parte: La ciencia de las cucarachas

Inteligencia y mitos

Con el paso del tiempo nuevas generaciones de cucarachas fueron naciendo en aquel mundo, incluso llegaron a desarrollar inteligencia, aunque siendo honestos, no mucha.

Por ello también desarrollaron mitos. Ocasionalmente notaban la lejana presencia de otros seres y se llegó a saber que algunos hasta las cazaban para comérselas, pero sus sentidos adaptados a la bidimensionalidad no los podían percibir enteramente. Por ello los llamaron demonios e inventaron historias sobre su maldad.

Otros de esos seres eran buenos y les proporcionaban alimentos exquisitos aunque de forma más bien arbitraria. Nunca se sabía dónde aparecerían o que clase de comida les darían. A ellos los llamaron ángeles.

Pronto se dieron cuenta de la importancia de educar a las nuevas generaciones y establecieron escuelas primarias que luego complementaron con secundarias y universidades.

Algunas cucarachas se dedicaron a estudiar su mundo, aprendiendo más de él para luego comunicar ese conocimiento en las aulas universitarias.


Física

Una de esas cucarachas estudiosas, llamadas científicas, empezó a formular teorías extrañas y extremadamente difíciles de comprender para sus congéneres, acerca de una tercera dimensión, diferente a las dos que eran habituales para el resto.

La física que conocían les enseñaba que podían aplicar fuerzas de cierta forma con sus cabezas sobre un trozo de alimento (se necesitaban dos cucarachas para ello) y de esa forma comprimirlo hasta volverlo polvo o papilla suave.

A la cucaracha científica se le ocurrió hacer experimentos con este procedimiento con trozos grandes de comida, haciendo que varias cucarachas ayudaran a empujar de cada lado de forma que la fuerza aplicada resultaba grande.

De sus experimentos esperaba poder encontrar un indicio de la tercera dimensión espacial, ya que – así razonaba – si la fuerza era grande y el espacio pequeño entonces el trozo de comida tendría que pasar a ocupar un espacio que estaba fuera de las dos dimensiones conocidas.

Los experimentos resultaron bien pero la cucaracha no fue capaz de notar y medir nada más que pequeñas desviaciones fuera de las dos dimensiones, así que concluyó que la tercera dimensión debería ser "muy pequeña".


Curvatura

Murió la cucaracha científica pero nuevas generaciones descubrieron y continuaron sus estudios, convirtiéndose también en cucarachas de ciencia.

Una de ellas, muy inteligente, se dio cuenta de que la teoría de su antecesora implicaba la posibilidad de que el mundo que habitaban fuese en realidad curvo o al menos tuviese cierta curvatura. Probablemente nadie podría notarlo pero si en un hipotético viaje podía alcanzarse un punto muy lejano en menos tiempo del que tomaba llegar a él siguiendo una línea recta entonces estaría probado que el mundo tenía más de dos dimensiones y que no era plano sino curvo.

Nuevamente estas teorías fueron poco comprendidas.

sábado, 9 de enero de 2010

Primera parte: el mundo de las cucarachas

Dos planchas

No se sabe exactamente a qué extraña edificación pertenecían aquellas dos planchas de concreto, una apenas unos cuantos milímetros encima de la otra. Probablemente era un muro que había caído encima de otro, una separación accidental entre los cimientos de un rascacielos, o el producto del colapso de varios pisos de un edificio.

A las cucarachas que vivían en medio de ellas no les importaba. Muchas generaciones habían pasado y las dos planchas siempre les habían provisto de cobijo y habitación segura. Eran tan grandes que no se conocía de ninguna que hubiera llegado hasta sus extremos. Desde todo punto de vista, el mundo conocido para ellas estaba compuesto por esos pocos milímetros entre plancha y plancha.


Bidimensionalidad

Así que su mundo era bidimensional, sólo había posibilidad de moverse a la derecha o a la izquierda, hacia delante o hacia atrás, pero nunca arriba o abajo.

Con el tiempo las cucarachas fueron adaptando sus sentidos a esa bidimensionalidad. No tenía caso sentir lo que había encima o debajo pues era siempre exactamente igual, incluso llegaron a perder la conciencia de cómo lograban moverse. Sabían que podían hacerlo por la evidencia del movimiento en sí, pero no se daban cuenta de que se debía al apoyo de sus patas sobre una de las planchas. Sus ojos y antenas se enfocaban en abarcar dos dimensiones nada más.

viernes, 8 de enero de 2010

El extraño mundo de las cucarachas bidimensionales

La verdad es que no se si esta historia la escuché en algún otro lado antes y yo simplemente la estoy ampliando y contando, o si es un producto original de mi imaginación.
También puede ser el resultado de la lectura de varios libros de divulgación de física ("Lo Grande, lo Pequeño y la Mente Humana" de Roger Penrose, "Historia del Tiempo" de Stephen Hawking, "Partículas Elementales" de Ramón Fernández y Marina Ramón, "El Sueño de una Teoría Final" de Steven Weinberg, entre otros) y me esté pasando como dice Cervantes que le pasó al Quijote, "del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio", ¡espero que no!
El punto es que el tema de las muchas dimensiones que dicen los físicos modernos que pueden existir además de las cuatro que conocemos (contando el tiempo como una de ellas) resulta usualmente difícil de entender, así que una buena alegoría, protagonizada por seres que tienen ese mismo problema solo que en dos dimensiones, se me ocurre que puede ser ilustrativo.
Estrictamente hablando una cucaracha no es lo suficientemente plana para considerarse bidimensional, pero lo más probable es que ni ella misma lo sepa, así que, en capítulos pequeñitos, aquí va la historia.
Los capítulos son:

jueves, 24 de diciembre de 2009

Omnipotencia Suplicante

Al revisar estos versos luego de muchos años de haberlos escrito, me preguntaba si no resultarían ofensivos para la sensibilidad religiosa o para la devoción que mucha gente expresa por Santa María.

¿Podría un artista pintar al demonio en el mismo cuadro que a la madre de Jesús? Y si el pintor tiene ese privilegio, ¿por qué no ha de tenerlo el poeta aficionado?

Santa María y el demonio conversan y si algo queda claro al final del poema – el lector puede comprobarlo – es que el demonio sale, como siempre, derrotado.

Estando Santa María
en vigilia de oración
se presenta en su capilla
el diabólico tentador

su fealdad revelaba
una profunda perversión
ostensible contrastaba
con aquel puro corazón

con gestos recargados pretendía
aparecer de buen semblante
ridícula y soberana tontería
fingir de caballero el talante

era criatura monstruosa
pequeño y encorvado
negrura de quemado
de mirada rencorosa

a pesar de su fealdad
ocultar no podía
tal soberbia y vanidad
que repugnante lo volvían

y al verlo acercarse a María
pensé que Ella lo rechazaría
más nuestra Madre no se inmutó
ni siquiera cuando de la mano la tomó

-¡Bendita Virgen María!
quiero ser amigo de Dios-
imposible era lo que oía
!el diablo quería pedir perdón!

nuestra Madre le habló con dulzura
no hablaba Ella de otra manera
y le miró con increíble ternura
como si aquel el demonio no fuera

-la vida de amistad con Dios
llena de alegría el alma
reboza el corazón de amor
con Él nada nos falta

el mundo es alegre
canta la creación
a nada se teme
si todo es de Dios

-Madre no te olvides
-pidió el padre de la mentira
-que hay siempre cosas viles
aunque con Dios se viva

-Nada hay de veras malo
aunque el infierno parezca
estando de Dios en las manos
todo para bien nos aprovecha

sólo el pecado puede ser daño
pues nos aparta de Dios
pero si en humildad andamos
bien nos hará pedir perdón

-oyó el diablo todo aquello
y fue cambiando sus facciones
aparecióle un cierto destello
de lo quemado recobró colores

pero en mencionar nuestra Madre la humildad
acabó de improviso aquel extraño encanto
de un brusco salto hechóse para atrás
sin aún haber María de hablar acabado

-Tú quieres verme humillado
-chilló medio enfurecido
-¡pues no! No me has engañado
jamás terminaré vencido

-fue así, triste el final de aquel encuentro
no tiene madre el diablo ni jamás la tendrá
pero no puede negar que estuvo por momentos
dispuesto a vivir por ella en humildad

eres María, Omnipotencia suplicante
y Dios también te colmó de sabiduría
porque no pides a quien sabes no daría
aunque de dispuesto tenga el plante

privilegiado espectador
que vi de cierto maravillado
aparecer a María el tentador
y salir igualmente tentado.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Presentación de Omnipotencia Suplicante

Uno de los títulos atribuidos a la virgen María es el de Omnipotencia Suplicante (ver por ejemplo http://ajesusxmaria.blogspot.com/2008/06/omnipotencia-suplicante.html), ello significa que todo lo que pide se le concede.
En esta ficción, presentada en verso, el mismísimo Lucifer se presenta ante la bienaventurada y conversan. Se podría uno preguntar ¿y si ella le pide al demonio que se convierta y pida perdón?
Sirvan estos versos como introducción y resumen de la historia que contaré en el siguiente post:

No existe ser
por poderoso que sea
que no complazca tu querer
y a tus deseos no ceda.

Si al mismísimo demonio pidieras
arrepentimiento y contrición
compungida esa criatura artera
humilde pediría perdón.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Amante Literario

Hace algunos años, por un tiempo me picó el zancudo poético y escribí muchos poemas, la mayoría de los cuales se perdieron y otros los conserva mi esposa entre sus recuerdos y espero que no los muestre porque me harían sonrojar, ya que fueron dedicados especialmente a ella.
Pero hace unos meses, también por el buen cuidado de Maribel, mi esposa, que guarda muchos papeles míos, encontré un pequeño folletito de poemas que son de los que escribí por ese entonces en este caso una serie con temas religiosos. No es que haya escrito sólo poemas de fe, pero esos en particular quedaron en ese folletito.
He intentado algunas veces volver a escribir poesía pero confieso que me cuesta mucho. Admiro a esos espíritus sosegados que son capaces de encontrar la rima en medio del barullo de distracciones que es nuestro mundo, porque a mi se me hace muy difícil. De vez en cuando me sale y algo escribo.
Ahora lo que se me ocurre es ir colocando en este blog algunos de los poemas de ese folletito, a ver si así logro escribir algo nuevamente.
Nuestra buena amiga y blogvecina Nancy Arroyave tuvo la gentileza de otorgarle a este blog el premio Amante Literario y se supone que hay que entregarlo a otros 10 blogs. Ella se los entregó a otros 9 que en mi opinión son extraordinarios. Varios de ellos escriben poemas o están dedicados íntegramente a la poesía. Yo no podría pensar en otros, de hecho he empezado a visitar esos blogs y a leer lo que escriben y a disfrutar del paisaje que se ve por esa ventana del alma que es el poema. Los recomiendo ampliamente, ellos son:


A manera de introducción a estos posts, que espero intercalar con historias, van estos cuatro versos que se me ocurrieron ayer:

Viejos versos de sentidos pasados brotados
nuevos pergaminos impregnan en vigor digital
y lo que expresar un día animosos soñaron
de nuevo felices se lanzan a cantar.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

La despedida

La clase de ese día sería la última del curso. Cuando hicieron el examen Harry pensó que seguramente lo que el sentía en ese momento era lo mismo que Hermione sentía habitualmente en cada prueba final: seguridad.
Como parte del proceso para garantizar que Voldemort no estaba siguiendo a Harry mediante los blogs y que no había nadie infiltrado en el suyo, habían revisado extensamente todos los posts con Dumbledore, McGonagall y la profesora Arroyave. Dumbledore no era ningún tonto, pero a Harry le había asombrado lo bien que tenía asimilados estos artilugios a pesar de ser de reciente invención.
- Hoy es nuestra despedida – anunció Nancy a todo el grupo de la clase – y les tengo una sorpresa.
Un viejo arcón, en el que nadie había reparado, se abrió a sus espaldas y unos pergaminos salieron flotando hasta posarse en cada uno de los escritorios de los alumnos.
- Lo que tienen ante ustedes es un permiso especial del Ministerio de Magia para publicar sus blogs y que puedan ser vistos por los muggles. Como ustedes saben ellos utilizan un complicado sistema llamado Internet para crear algo muy parecido a nuestros blogs. Con este permiso tendrán acceso a lo que ellos dicen y ellos podrán ver sus posts. El Ministerio mantendrá un estricto control sobre lo que ustedes publiquen, pero pueden creerme que no hace ninguna falta. Llevo años diciendo en mi blog que soy una bruja y ninguno de los muggles que lo visitan lo toma en serio.
- ¿Volveremos a verla profesora? ¿En otro curso quizás? – preguntó Neville.
- ¡Claro! Pero recuerden, los blogs nos mantendrán unidos. A todos.
Al día siguiente los chicos ayudaron a Nancy a cargar todas sus cosas en el súper Chevy hasta dar la impresión de que no podría elevarse de tantas cosas que llevaba.
- No podrás llevar ningún pasajero esta vez – comentó Harry.
- Me temo que no. Físicamente quiero decir.
- ¿Por qué? No entiendo – dijo Ron.
- Porque a todos los llevo en mi corazón.

Fin

martes, 15 de diciembre de 2009

La Orden del Fénix y los blogs

Harry escuchó la historia de Ron y su ansiedad fue en aumento. Podía tolerar el encontrar el nombre de la profesora en el blog de Voldemort, podía sentirse confundido por su amabilidad, podía dejar que ella lo llevara de viaje sin revelar sus sospechas y acusaciones, pero dejar que existiera la más mínima posibilidad de que una mortífaga estuviera infiltrada en la Orden del Fénix, ¡eso no!
Ron no había terminado de hablar cuando Harry ya estaba tomando su varita y saliendo de la casa de Griffindor.
- ¿A dónde vas Harry? – preguntó Hermione.
- A denunciar a la mortífaga bloguera, a Nancy, a la profesora Arroyave, o cómo sea que se llame – contestó Harry decididamente.
Hermione dejó sus cosas y salió siguiendo a Harry, Ron la siguió.
Harry ya conocía el camino al despacho de Dumbledore, donde seguramente se estaba llevando a cabo ya la reunión de la Orden del Fénix. Iba casi corriendo, tan concentrado que ni siquiera vio al señor Filtch ni lo escuchó cuando le indicó despectivamente que no tenía permiso para andar por ahí. Filtch se puso furioso. Estaba tan enojado que no pudo moverse y casi no notó que Ron y Hermione también pasaron a su lado.
Alcanzaron a Harry cuando estaba entrando al pasadizo mágico que conducía al despacho del director. Cuando se abrió la puerta Harry entró decididamente y dirigió una rápida mirada a los presentes – todos de la Orden del Fénix – miró directamente a Dumbledore y en medio de un profundo silencio de sorpresa dijo:
- ¡La profesora Arroyave es una mortífaga!
El semblante de Dumbledore no se alteró. La profesora McGonagall arqueó las cejas.
- Logré entrar en el blog de Voldemort – continuó – y encontré un post donde pedía a sus seguidores que se manifestaran, la profesora Arroyave está entre ellos.
Quingley Shackelbolt miraba alternativamente a Harry, al director y a Minerva McGonagall, esperaba que alguien le diera una indicación para arrestar a Nancy. Arthur Weasley miraba perplejo a Harry y a Ron.
Hermione se adelantó y habló.
- Harry pudo entrar al blog del innombrable por esa extraña conexión que existe entre ambos, pero nadie más podría hacerlo sin el permiso del Señor Tenebroso, porque ha puesto varios hechizos protectores, por ejemplo la maldición registro, son muy difíciles de pasar. La profesora Arroyave tuvo que haber entrado en contubernio con él.
Dumbledore seguía impasible. Todos le miraban esperando una respuesta.
- Se equivocan. – contestó por fin Dumbledore – La profesora Arroyave es nuestra espía en el blog de Voldemort.
- Pero eso es lo que estamos tratando de decir, la Orden la contactó pero ahora ella trabaja para el Señor Tenebroso – interrumpió Ron.
- Nosotros estamos totalmente al tanto de todas sus actividades en el blog tenebroso. Lamento que tu entrada en él te haya causado esta confusión Harry. Debimos haber supuesto que pasaría.
- Harry – habló la profesora Arroyave que se asomó a la reunión en ese momento – yo debí habértelo dicho. Perdóname, pero no estábamos seguros de cómo funcionaría tu conexión con el innombrable en este caso. Cuando me contaste de los comentarios en tu blog yo se lo comuniqué al profesor Dumbledore y acordamos hacer esta reunión hoy para decidir qué hacer.
Harry los miraba con una expresión de entre confusión y desconfianza.
- Pero, en ese blog solo hay mortífagos, Voldemort no dejaría a nadie más entrar – replicó Harry.
- Por eso mismo necesitábamos a la profesora Arroyave, que ha hecho un excelente trabajo infiltrándose sin ser notada, a pesar del enorme peligro que corre. Traerla a Hogwarts era lo mejor, estaría siempre protegida en caso de que algo saliera mal.
- Tenemos información sobre los nuevos reclutas del Señor Tenebroso gracias a ella, pronto los estaremos neutralizando – añadió Shacklebolt.
Harry, Hermione y Ron seguían en tensión de pie en medio del grupo.
- Harry, ya pronto me iré de vuelta a mi tierra, ya casi terminamos el curso y mi misión con la Orden está completa. Pero no quisiera que tu te quedaras con una mala impresión – intervino Nancy.
Estas palabras tranquilizaron a Harry.
- Lo siento. Creo que es mejor que nos vayamos – dijo dirigiéndose a Ron y a Hermione.
- No Harry – dijo Dumbledore – antes debes contarnos todo lo que viste en el blog tenebroso.
Ron estuvo feliz de poderse quedar más tiempo entre aquel grupo de la Orden del Fénix.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Aliada o Enemiga

La tarde del jueves repasaron todos los datos que tendrían que darle al padre de Ron. Habían aparecido comentarios en Pársel en el blog de Harry, se trataba de mensajes perturbadores pero ciertamente lograron capturar la curiosidad de Harry. Al visitar el blog de quien había puesto los comentarios Harry descubrió que se trataba del mismísimo Voldemort, que lo estaba utilizando para reclutar seguidores. Y la parte más difícil, la profesora Arroyave, por quien sentían cierto cariño, parecía estar entre los nuevos reclutas del señor tenebroso.
Ron se encontró con su padre en el despacho de la profesora McGonagall que había ido personalmente a llamarlo al salón de clases.
- Bien Ron, de qué se trata. – preguntó Arthur luego de un efusivo saludo.
Ron tomó a su padre por el brazo, se acercó a su oído y habló en voz baja.
- Harry entró al blog del Señor Tenebroso y descubrió una lista de mortífagos, hay muchísima más información en él, hay que comunicársela a los miembros de la Orden.
- ¿Qué es un blog? – respondió su padre con desparpajo.
- ¡Ay no!
Ron le explicó lo mejor que pudo. También le contó que tenían la esperanza de que él pudiera ayudarles a encontrar a algún experto confiable que pudiera ayudar a los de la Orden a entender la gravedad de la situación.
- Ah sí. Se quién puede ayudarnos. Se trata de Nancy Arroyave, la Orden la contactó para apoyarnos con los nuevos medios que el innombrable está utilizando. Tú debes conocerla, es profesora aquí.
- ¿Nancy Arroyave? ¿Está ayudando a la Orden?
- Así es. Voy a hablar con Dumbledore y los demás que están aquí hoy, debemos reunirnos para que Harry nos cuente lo que encontró. Tendrá que ser hoy mismo, al terminar las clases.
- Bien – dijo Ron resignado.
Regresó con paso rápido a su salón de clases, tendría que contarles a Harry y a Hermione que Arroyave estaba infiltrada en la Orden y que ellos tendrían que desenmascararla.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Comunicar la noticia

Luego de discutir toda la información disponible habían decidido que lo mejor era hablar con Dumbledore y con los miembros de la Orden del Fénix. Era importante que ellos pudieran aprovechar la recién descubierta habilidad de Harry para entrar en el blog de Voldemort. Pero sobre todo era vital aclarar si Arroyave era o no mortífaga al igual que el resto de magos y brujas que habían puesto comentarios en ese blog.
Habría que esperar a la primera oportunidad para hablar con el director sin levantar sospechas.
- Deberíamos hablar con McGonagall primero Harry, ella conoce bien a Arroyave y además pertenece a la orden – sugirió Hermione.
- No lo creo, ella no entiende nada de blogs, lo más probable es que Nancy la tenga completamente engañada respecto a eso.
Parte del problema que los amigos veían era que ninguno de los magos que conocían y en los que confiaban parecía estar interesado o conocer siquiera acerca de los blogs.
- Deberíamos hablar con mi padre – sugirió Ron – seguro el ministerio tiene ya alguna oficina y algún mago o bruja encargado de los blogs. El ministerio lo controla todo, la red flu, el correo por lechuzas, la magia en menores de edad…
- No lo se. Estoy seguro de que Dumbledore entiende de qué se tratan los blogs. Es lo suficientemente inteligente – respondió Harry.
- Mira Harry, aunque estemos en Hogwarts es más fácil hablar con el papá de Ron que con el director, deja que Ron le mande una lechuza y que le diga que necesita hablar con él por cualquier motivo.
- Tienen razón, hazlo Ron – concluyó Harry.
Fueron inmediatamente a la lechucería y enviaron el mensaje. La respuesta tardaría un día en llegar cómo mínimo, así que habría que esperar y mientras tanto seguir con todas las actividades normales del colegio.
Arthur Weasley no estaba acostumbrado a recibir mensajes de su hijo, así que se alarmó un poco al leer que “necesitaba hablar con él con cierta urgencia”. No queriendo alarmar a su mujer decidió averiguar de qué se trataba el asunto antes de contarle. Afortunadamente ya tenía programada una visita a Hogwarts esa misma semana. Algunos miembros de la Orden del Fénix coincidirían en el colegio por diversos asuntos así que aprovecharían para reunirse con Dumbledore y repasar el estado de las cosas. No tendría entonces que inventar ninguna excusa para ir a Hogwarts. Tomó pergamino, pluma y tinta y escribió una rápida respuesta.
- Estaré en el colegio el jueves. Te veré ese día. Cuidate.
Cuando Ron recibió la respuesta se alegró. Le mostró el pergamino a Harry y a Hermione.
- ¡Qué bien! Será en un par de días – apuntó Hermione.
Aunque Ron era todo un adolescente no pudo dejar de sentir cierta satisfacción interiormente. Su padre vendría a verlo porque él se lo había pedido.

viernes, 11 de diciembre de 2009

En Hogsmeade

El viaje de regreso le pareció a Harry todavía más corto que el de ida. Cuando aterrizaron en el mismo patio trasero del que partieron pudo notar la diferencia de clima con las tierras tropicales que acababan de dejar atrás.
Se alegró al darse cuenta de que era temprano todavía y que si se apresuraba podía todavía encontrar a sus amigos en Hogsmeade. Se despidió de Nancy y apresuró el paso para salir del castillo.
Ron y Hermione habían entrado en el bar de las Tres Escobas de madame Rosmerta para tomar cerveza de mantequilla. Un extraño se acercó a Hermione.
- ¿Eres Hermione Granger?
- Sí. ¿En qué puedo ayudarlo?
- Soy Cazacarpinteros, he puesto comentarios en tu blog, ¿me recuerdas?
- Ahhhh. Sí. Recuerdo lo que puso en la entrada sobre Wundegrind y Shippard, yo sigo creyendo que ellos fueron los primeros que formalizaron la escritura de runas de la Galia.
- ¡No! No entiendo cómo es que no entiendes la importancia del papel de Schippolinni. No se trata de un simple compilador de símbolos como tú dices.
- Claro que comprendo lo importante que fue su trabajo, pero yo creo que no se trata de un formalizador como Wundegrind y Shippard. En realidad Schippolinni no aportó nada más para la formalización que la compilación del alfabeto y los símbolos pictográficos.
- Pues te equivocas. Wundegrind y Shippard no habrían hecho ningún progreso por sí solos…
Ron no lo podía creer. Ahí estaba Hermione discutiendo animadamente sobre runas antiguas con un perfecto extraño, todo gracias a un comentario en su blog. Iba a tener que esperar a que terminaran de discutir si quería siquiera intercambiar unas palabras con ella.
A la discusión se unieron otros parroquianos, algunos parecían divertidos al ver aquello mientras que otros aprobaban o reprobaban con gestos los argumentos según les parecía.
Ron se desesperaba de ver aquel alboroto improductivo. Por eso se alegró mucho cuando vio a Harry.
- No vas a creerlo Harry. Lleva casi una hora discutiendo el papel de Schippolinni en la formalización de la escritura de runas antiguas.
- Ahhh… Algo de su blog seguro. Oye, no vas a creer todo lo que hice hoy.
- Espera, creo que ya te vio.
Hermione interrumpió la discusión y se alejó del grupo disculpándose. Invitó a todos a visitar su blog y poner comentarios para continuar discutiendo por ese medio.
- Hola Harry. Qué bueno que ya saliste de la enfermería.
- Sí. Acabo de regresar de Guatemala, acompañé a la profesora Arroyave.
- ¿Qué? ¿No habías dicho que era una mortífaga? ¿Te arriesgaste a viajar solo con una mortífaga? Pudieron haberte capturado Harry.
- Ya no estoy seguro de que se trate de una mortífaga.
Harry les narró todas las peripecias del día y cómo no le había contado que ya había visitado el blog de Voldemort.
- Fueron muchas cosas para un viaje de un día ¿no?
- Salvo por un detalle – respondió Hermione – no fue un viaje de un día.
- ¿Qué quieres decir?
- La diferencia horaria entre Guatemala y Londres es de 6 horas. En realidad debió durar 12 horas más de lo que tu percibiste.
- Eso no importa – dijo Harry – hoy es sábado, así que es como si todo hubiese ocurrido en un día.
- No Harry, hoy no es sábado ¡es domingo!

jueves, 10 de diciembre de 2009

En casa de Nancy Arroyave

Entraron a la casa y Harry se quedó en la sala observando todo muy detenidamente. Había una calavera con una serpiente entrando por un ojo y saliendo por el otro, pero ninguna de las dos parecía real. En las paredes vio un par de cuadros algo escalofriantes pero aquello no era nada que no se pudiera encontrar en la casa de cualquier mago o bruja normal. La casa de los Black por ejemplo, era mucho más tétrica.
Nancy regresó después de un rato y le ofreció a Harry algo de tomar.
- ¿Quieres jugo de naranja? También tengo soda si prefieres.
- Soda está bien.
Había mucho calor, bastante más del que alguna vez se pudiera sentir en un día normal en el castillo de Hogwarts.
- No había escuchado de ningún blog en el que el Señor Tenebroso pusiera comentarios, y menos en Pársel. Casi nadie habla ese lenguaje, salvo los…
La profesora se interrumpió algo desconcertada. No quería referirse a que la gente piensa que hablar Pársel es cosa de magos tenebrosos.
- No se preocupe, cuando yo descubrí que lo hablaba también pensé cosas.
- Bueno, y supongo que no habrás intentado visitar el blog, no creo que pudieras entrar, debe estar protegido por la maldición registro, muy pocos pueden pasarla y menos si el dueño del blog no lo autoriza.
Harry la vio fijamente. Ella no parecía preocupada. Harry sabía que si Nancy era mortífaga contarle que había entrado al blog de Voldemort era ponerse en peligro. ¿Qué hacer? ¿Debía confiar en la profesora que tan amable se había portado siempre? ¿Cómo podía ser mortífaga una bruja que se detenía en el camino para llevar a una mujer y a su hijo que caminaban penosamente? Si en realidad lo fuera él ya estaría prisionero e inmovilizado con un hechizo aturdidor talvez y de todas partes vendrían más mortífagos a asegurarse de que el famoso Harry Potter había sido capturado.
- ¿Usted cree que debería intentar entrar?
- No, no vale la pena, alguien puede descubrir que lo estás intentando y correrías peligro.
- ¿Hay algo en ese blog que valdría la pena que yo viera?
Con esta última pregunta estaba poniendo una trampa a la profesora, pero ella no se inmutó.
- Siempre puedes aprender mucho de lo que las otras personas ponen en sus blogs, pero en este caso no me imagino qué podría ser. Yo a veces entro a algunos por pura curiosidad y siempre aprendo algo.
Era obvio que Nancy estaba preparada para esa pregunta.
- ¿Regresamos? Si nos vamos ya tendremos tiempo para que conozcas algo de mi país.
Harry dejó de lado sus temores ante la confianza que la profesora le inspiraba y subió de nuevo con ella al auto. En realidad no tenía otra opción.
Nuevamente recorrieron el mismo tramo por tierra y se detuvieron a llevar a una pasajera que encontraron por el camino. Cuando la dejaron en su destino buscaron un lugar apartado y el auto se elevó para seguir por aire.
- Te enseñaré algunos lugares que me gustan – dijo Nancy.
Luego de un rato divisaron un lago en medio de volcanes. Bajaron hasta casi tocar tierra y fueron recorriendo toda la orilla. 12 pueblos muy pintorescos rodeaban aquel bellísimo lago. Se detuvieron en una playa casi desierta y pudieron bajar. Harry sintió la brisa cálida y lo tibio del agua al tocarla. Aquello no se parecía en nada al lago de Hogwarts.
Aunque habría querido quedarse ahí más tiempo se alegró cuando se alejaron pensando que pronto podría ver a Hermione y a Ron y contarles todo aquello.
La siguiente parada fue un pueblo con una iglesia pintada de los colores más vivos que Harry jamás hubiese visto en un templo. Aquella gente sí que sabía qué era el color. Decidieron decender permaneciendo invisibles y verlo todo sin salir del auto.
Por último, y con la tarde ya casi muriendo y el cielo pintado de tonos azules, rojos encendidos y amarillos brillantes, se acercaron a un volcán con una laguna en el cráter. Descendieron tanto al agua que las ruedas del auto casi la tocan. Era fascinante.
Entonces emprendieron el regreso a Inglaterra.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Viaje a Guatemala

Harry le ayudó con las bolsas y se dirigieron a uno de los patios traseros del castillo.
- Iremos en el súper Chevy – anunció Nancy.
- ¿Qué es el súper Chevy? ¿Un auto? ¿Usted no usa escoba?
- Vamos Harry, yo se que conoces los autos voladores que se hacen invisibles. Son más rápidos que las escobas.
Cuando lo vio Harry no pudo evitar pensar en el viejo auto del señor Weasley que Ron y él se habían encargado de destruir.
- Ya está. Sube. ¿Qué me querías decir?
Harry empezó vacilante a hablar. De pronto se dio cuenta de que si sus suposiciones eran correctas estaba ahora mismo volando en un auto con una mortífaga, que decía llevarlo a Guatemala pero en realidad podría estarlo llevando a donde ella quisiera.
En el fondo de alguna forma él no se terminaba de convencer de que Nancy – aquella profesora tan amable – formara parte del ejército del mal, de la misma forma que no se terminaba de convencer – a pesar de todos los argumentos de Dumbledore – de la lealtad de Snape. Superó como pudo sus confusiones y le contó sobre los comentarios y cómo había descubierto que estaban escritos en Pársel. Se guardó el asunto de la visita al blog de Voldemort para ir estudiando la reacción de la profesora.
El auto avanzaba veloz y aunque la distancia entre Londres y Guatemala era enorme pronto divisaron aquellas bellas tierras tropicales de sol, montañas y volcanes, que la gente del lugar llama “de la eterna primavera”.
Empezaron a decender y pronto tocaron tierra.
- ¿Ya llegamos?
- No Harry, es que me gusta bajar unos kilómetros antes de mi casa y hacer ese último tramo sobre la tierra. Vivo en un vecindario de muggles, así que no quiero sorprenderlos llegando en un auto volador.
El polvoriento camino estaba rodeado de altas montañas y profundos barrancos. El sol de la mañana era abrazador. En un recodo divisaron a una mujer que caminaba con un niño al lado.
- Espero que no te moleste que los llevemos – dijo Nancy deteniendo el auto junto a ellos.
- No claro.
Se detuvieron junto a los viandantes y les ofrecieron llevarlos. Ellos aceptaron encantados y subieron entre expresiones de agradecimiento. Avanzaron hasta llegar a un grupo de casas muy bonitas y Nancy fue bajando la velocidad. Cuando se detuvo la pasajera nuevamente volvió a agradecer, abrió la puerta y ella y el pequeño bajaron despidiéndose muy efusivamente, intercambiando sonrisas con Harry y la profesora.
Un poco más adelante volvieron a detenerse.
- Ya llegamos Harry, ven, acompáñame.