viernes, 6 de enero de 2017

Programas en Khan Academy

Programar en Khan Academy es una actividad que me agrada. Los programas en esa plataforma se escriben directamente en línea por lo que no hace falta instalar nada en la computadora. Basta con disponer de un navegador y listo.

Tiene la gran ventaja de que los programas quedan en línea y cualquier persona los puede ver. En mi perfil tengo ya bastantes proyectos realizados. Algunos son juegos, otros son animaciones, y otros son experimentos que realicé para probar alguna idea.

Aquí hay un ejemplo:

Espero que se animen a probarlo.

viernes, 8 de marzo de 2013

El Repartidor

El Repartidor

Cuando el semáforo de la Guardia de Honor dio verde se lanzó veloz a recorrer en bajada la cuesta de Vista Hermosa rumbo a la zona 15 donde esperaban la comida que llevaba como carga en la caja de su motocicleta. Era rápido. Con un hábil movimiento logró rebasar a un automóvil y colocarse frente a otro justo antes de que el primero iniciara su propia maniobra para adelantar.

En esos momentos recordaba uno de los consejos de su padre que fue mensajero con moto toda su vida: que quepás no quiere decir que podés meterte. En ocasiones él mismo se lo repetía a sus compañeros. Algunos no lo escuchaban y entonces reflexionaba sobre la sabiduría de su progenitor al ver los resultados... fatídicos en ocasiones.

Tenía que entregar aquella comida pronto y regresar igualmente veloz a recoger una nueva ración. Su jefe, el gerente del restaurante, siempre les recordaba lo importante que era la velocidad: no se trataba de una simple comida, era el prestigio de la marca y la satisfacción del cliente, que seguramente estaba ansioso por recibir su plato y disfrutarlo con su familia o amigos. El hambre y la espera podían arruinarlo todo. No importa qué tan bien preparada estaba la comida, retrasarse significaba entregarla fría y a clientes malhumorados.

¡Importante! Claro que él se tomaba en serio su trabajo, pero en su mente una carga importante y valiosa era algo muy diferente y no se llevaba con velocidad sino con responsabilidad y cuidado. Como cuando le tocó llevar a su mujer con dolores de parto al hospital hace cinco años. ¡Su mujer! Qué valiente había sido en aquella ocasión, sin quejarse de que no pudiera pagar el taxi o que no estuviera su cuñado para llevarlos en carro. Y cuando nació su varoncito, todo fue felicidad y sonrisas. Solo él sabía la sangre fría que había tenido que tener para conducir aquella noche.

Importante era la carga que llevaba los domingos cuando los tres montaban en la moto para ir de paseo o a visitar a su suegra. ¡Eso era llevar una carga importante! Lo de la comida era... valioso, era responsabilidad, era... trabajo, y por eso había que hacerlo rápido y él era rápido.

Pero no era el más rápido. Estaba seguro porque había participado en las competencias de motovelocidad que organizaban. En la categoría "Cobra" participaban motoristas con su moto de trabajo y aunque su moto estaba "nítida" y corrió lo mejor que pudo, solo alcanzó el tercer lugar. Le consolaba recordar otro consejo de su padre: hay que ser rápidos pero no imprudentes.

Con el tiempo había desarrollado una especie de sexto sentido, algo que le alertaba para no cometer imprudencias, y sabía que muchos motoristas tenían la misma habilidad. Una vez estaba en línea con otro en un cruce esperando a que el semáforo diera verde, su mirada atenta a la luz. Cuando cambió y se preparó para salir, aceleró la moto pero se contuvo, esperó una décima de segundo y entonces la vio: una camioneta de lujo 4x4 venía a toda velocidad y cruzó con osadía sin importarle el rojo. Volteó a ver a su compañero que también lo veía. Con solo ver sus ojos por la visera del casco sabía lo que quería decirle: nos salvamos.

Los vehículos agrícolas de lujo pueden ser la peor pesadilla de un motorista. Son grandes, pesados, rápidos, y usualmente tienen un conductor que se siente tan cómodo y seguro adentro que poco le importa poner atención al motorista que trae al lado. Es más, ni siquiera lo puede ver bien. Lo peor de todo es que son tan duros que al chocar con una moto apenas sienten el efecto, dentro y fuera, con lo que es fácil que decidan que es mejor darse a la fuga sin ayudar al golpeado que siempre lleva, por mucho, la peor parte.

Con todo, entregar comida no era un mal trabajo. El restaurante era popular y nunca escaseaban los pedidos. Al contrario. Los días de partido eran los más atareados. Los grupos de amigos se reunían en la casa de alguno, tomaban el teléfono y ordenaban comida, por montones. Por lo general al tocar la puerta se encontraba con una cara amable que lo recibía gustoso como a un amigo añorado. Algunos hasta le daban propina. Y si el partido era de la selección se sentían solidarios poniéndolo al tanto de cómo iban.

Pero no siempre era así. Había de todo. Clientes difíciles que encontraban defectos hasta en las servilletas. ¡Sí! En las servilletas, que si muy pocas, que si muy pequeñas, que si no vienen limpias... El jefe los había instruido en lo que había que hacer en esos casos: cero descuentos y se les invita a comunicarse con la empresa, y hasta podía recitar aquello de "puede ponerlo en el Facebook" aunque no estaba muy seguro de qué quería decir. Asunto terminado y salir rápido como decía el jefe.

¡Salir rápido! Ese oficinista no sabía lo que era salir rápido, pero de miedo. Como cuando lo agarraron de inocente y lo mandaron a entregar comida a aquella extraña colonia. Una mujer le abrió la puerta. Era joven, hermosa y con vestiduras que combinaban lo sensual con lo vulgar. Tenía bellos ojos, pero su mirada era triste. Le pagó en efectivo y se metió a la casa sin despedirse. La puerta la cerró un hombre fornido y de cabeza rapada que ni siquiera lo saludó pero que le transmitió un mensaje con solo verlo: vete rápido de aquí. Entonces se dio cuenta de dónde andaba y se montó en su moto que afortunadamente todavía estaba allí. Arrancó y salió tan rápido como pudo, sin atender al que gritaba a sus espaldas diciendo: ¡Hey vos! Aquí también queremos... vení. Cuando lo contrataron le dijeron que no entregaban en zonas rojas, ¿cómo fue a parar allí? ¡Pero ni loco volvía! Al regresar le contó su experiencia a sus compañeros y al jefe para asegurarse de que no tomaran pedidos en esa zona. Afortunadamente contaba con el apoyo de ambos para eso.

Al final del día hacían un balance del número de pedidos que cada cual había entregado en el turno. Sus números iban bien, sus tiempos eran buenos, había trabajo y había cheque en cada quincena. Se sentía satisfecho y productivo al ver todo aquello y se iba a su casa tranquilo.

Volvió a concentrarse en su camino en la bajada de Vista Hermosa que le gustaba tomar a casi 80 kilómetros por hora. Con un rápido movimiento de la mano se levantó la visera del casco y dejó que el viento fresco del día nublado le bañara la cara, aceleró dejando atrás a varios automóviles y pensó: "tengo el mejor trabajo del mundo".

lunes, 18 de enero de 2010

Ultima parte: el futuro del mundo de las cucarachas

Final

Si las cucarachas descubrirán o no la tercera dimensión o si la presión producida será tal que colapsará las planchas y destruirá su mundo bidimensional es algo que se verá cuando logren construir y hacer funcionar el supercompresor.

En todo caso, ¿cómo reaccionarán al darse cuenta de que existe un mundo tridimensional? ¿Qué les parecerá si encuentran otras cucarachas que de hecho están habituadas a tres dimensiones? ¿Podrán adaptar sus sentidos y su modelo mental del mundo – hasta ahora enfocados en dos dimensiones – al universo donde existe arriba y abajo?

Eso habrá que verlo.

sábado, 16 de enero de 2010

Cuarta parte: El mundo de la postguerra

Injusticia


Pasó el tiempo y poco a poco todas fueron volviendo a sus actividades normales, incluyendo las científicas. Algunas acusaron injustamente a estas últimas de ser las responsables de desarrollo del arma tan destructiva que había acabado la guerra destruyendo un par de ciudades de las cucarachas enemigas. No se daban cuenta de que la responsabilidad del artefacto había sido de un equipo local que sólo había aprovechado algunos de los conocimientos que las científicas les habían revelado.

También se trató injustamente a las tecnologías involucradas. Primero fueron vistas como la solución a los problemas energéticos del mundo de las cucarachas, pero como algunas seguían insistiendo en utilizarlas como armas y todas recordaban la radiación que todavía podía sentirse en los lugares destruidos, pronto se desarrollaron sentimientos contrarios a ellas y surgieron grupos extremistas que se oponían a cualquier forma de su utilización.


El supercompresor

Las científicas siguieron haciendo investigaciones y algunas generaciones más adelante descubrieron los trabajos y experimentos de la cucaracha que había propuesto la existencia de una tercera dimensión. Pronto se dieron cuenta de que aquello podría llevarse adelante de nuevas formas e idearon variaciones del experimento original y para ello diseñaron un artefacto que sería lo más avanzado que cucaracha alguna hubiese ideado jamás.

El supercompresor fue diseñado con 8 largas filas de cucarachas apuntando todas hacia el centro. En cada línea las cucarachas están alineadas unas detrás de otras para empujar hacia el mismo punto central, que de esa forma resultará comprimido por una gran fuerza.

El trozo de material puesto en el centro sería expuesto a tal presión – así razonaban las científicas – que tendrá que expandirse hacia la tercera dimensión de una forma que resultará medible aún para sus instrumentos que – al igual que sus sentidos y su comprensión natural del mundo – estaban enfocados en mediciones bidimensionales.


Incomprensión

Aún cuando el supercompresor era sólo un proyecto que iba a ser construido, muchos grupos de cucarachas empezaron a oponerse argumentando que el artefacto podría desatar fuerzas similares a las que habían causado destrucción masiva en la guerra y que de hecho podría terminar destruyendo todo el mundo.

Las científicas intentaron explicar que estas creencias eran infundadas y que el experimento no produciría ninguna destrucción, pero como muchas ni siquiera entendían completamente en qué consistía todo, mantenían una oposición irracional como una especie de medida de precaución.

Nunca se pudo llegar a un entendimiento completo entre las científicas y las opositoras radicales.

jueves, 14 de enero de 2010

Tercera parte: Problemas en el mundo de las cucarachas

Guerra

Un grupo de cucarachas rubias entró en una especie de locura colectiva y animada irracional pero muy fervorosamente por sus líderes, declaró la guerra al resto de cucarachas en alianza con otro grupo donde los individuos eran más pequeños y de ojos con formas extrañas.

En su afán por afirmar su superioridad racial decidieron expulsar de su territorio a todas las cucarachas que no eran rubias. Entre estas se encontraban algunas científicas.

Emigraron a una región del mundo donde fueron bien recibidas y pudieron continuar sus investigaciones.

Las cucarachas locales descubrieron sus conocimientos y desarrollaron un artefacto capaz de desprender parte de la plancha superior del mundo.

Pronto se dieron cuenta de que podían utilizar aquello como un arma para ganar la guerra.

Como las cucarachas rubias ya estaban derrotadas, hicieron caer una amplia porción de la plancha superior sobre importantes colonias de las cucarachas de ojos con formas extrañas matándolas en el acto. Con esto se obtuvo la rendición de ese grupo y la guerra terminó.


Radiación

El lugar donde se desprendió parte de la plancha superior quedó cubierto de escombros y cuando las cucarachas lo visitaron notaron por primera vez el desnivel que había producto de ellos.


Como no sabían cómo interpretar aquella sensación extraña que les resultaba completamente nueva, al punto que les produjo desajustes en su sistema digestivo – acostumbrado hasta entonces a mantenerse a un mismo nivel – y en su sentido de la orientación, le llamaron radiación y pronosticaron que la situación regresaría a la normalidad luego de unos años, pero mientras tanto nadie debía visitar aquella área, por el peligro de contaminarse.

lunes, 11 de enero de 2010

Segunda parte: La ciencia de las cucarachas

Inteligencia y mitos

Con el paso del tiempo nuevas generaciones de cucarachas fueron naciendo en aquel mundo, incluso llegaron a desarrollar inteligencia, aunque siendo honestos, no mucha.

Por ello también desarrollaron mitos. Ocasionalmente notaban la lejana presencia de otros seres y se llegó a saber que algunos hasta las cazaban para comérselas, pero sus sentidos adaptados a la bidimensionalidad no los podían percibir enteramente. Por ello los llamaron demonios e inventaron historias sobre su maldad.

Otros de esos seres eran buenos y les proporcionaban alimentos exquisitos aunque de forma más bien arbitraria. Nunca se sabía dónde aparecerían o que clase de comida les darían. A ellos los llamaron ángeles.

Pronto se dieron cuenta de la importancia de educar a las nuevas generaciones y establecieron escuelas primarias que luego complementaron con secundarias y universidades.

Algunas cucarachas se dedicaron a estudiar su mundo, aprendiendo más de él para luego comunicar ese conocimiento en las aulas universitarias.


Física

Una de esas cucarachas estudiosas, llamadas científicas, empezó a formular teorías extrañas y extremadamente difíciles de comprender para sus congéneres, acerca de una tercera dimensión, diferente a las dos que eran habituales para el resto.

La física que conocían les enseñaba que podían aplicar fuerzas de cierta forma con sus cabezas sobre un trozo de alimento (se necesitaban dos cucarachas para ello) y de esa forma comprimirlo hasta volverlo polvo o papilla suave.

A la cucaracha científica se le ocurrió hacer experimentos con este procedimiento con trozos grandes de comida, haciendo que varias cucarachas ayudaran a empujar de cada lado de forma que la fuerza aplicada resultaba grande.

De sus experimentos esperaba poder encontrar un indicio de la tercera dimensión espacial, ya que – así razonaba – si la fuerza era grande y el espacio pequeño entonces el trozo de comida tendría que pasar a ocupar un espacio que estaba fuera de las dos dimensiones conocidas.

Los experimentos resultaron bien pero la cucaracha no fue capaz de notar y medir nada más que pequeñas desviaciones fuera de las dos dimensiones, así que concluyó que la tercera dimensión debería ser "muy pequeña".


Curvatura

Murió la cucaracha científica pero nuevas generaciones descubrieron y continuaron sus estudios, convirtiéndose también en cucarachas de ciencia.

Una de ellas, muy inteligente, se dio cuenta de que la teoría de su antecesora implicaba la posibilidad de que el mundo que habitaban fuese en realidad curvo o al menos tuviese cierta curvatura. Probablemente nadie podría notarlo pero si en un hipotético viaje podía alcanzarse un punto muy lejano en menos tiempo del que tomaba llegar a él siguiendo una línea recta entonces estaría probado que el mundo tenía más de dos dimensiones y que no era plano sino curvo.

Nuevamente estas teorías fueron poco comprendidas.

sábado, 9 de enero de 2010

Primera parte: el mundo de las cucarachas

Dos planchas

No se sabe exactamente a qué extraña edificación pertenecían aquellas dos planchas de concreto, una apenas unos cuantos milímetros encima de la otra. Probablemente era un muro que había caído encima de otro, una separación accidental entre los cimientos de un rascacielos, o el producto del colapso de varios pisos de un edificio.

A las cucarachas que vivían en medio de ellas no les importaba. Muchas generaciones habían pasado y las dos planchas siempre les habían provisto de cobijo y habitación segura. Eran tan grandes que no se conocía de ninguna que hubiera llegado hasta sus extremos. Desde todo punto de vista, el mundo conocido para ellas estaba compuesto por esos pocos milímetros entre plancha y plancha.


Bidimensionalidad

Así que su mundo era bidimensional, sólo había posibilidad de moverse a la derecha o a la izquierda, hacia delante o hacia atrás, pero nunca arriba o abajo.

Con el tiempo las cucarachas fueron adaptando sus sentidos a esa bidimensionalidad. No tenía caso sentir lo que había encima o debajo pues era siempre exactamente igual, incluso llegaron a perder la conciencia de cómo lograban moverse. Sabían que podían hacerlo por la evidencia del movimiento en sí, pero no se daban cuenta de que se debía al apoyo de sus patas sobre una de las planchas. Sus ojos y antenas se enfocaban en abarcar dos dimensiones nada más.